miércoles, 15 de enero de 2014

Un día cualquiera

Cada tanto la vida tiene esas coincidencias
que no son fáciles de explicar, al menos
desde la lógica; algunos no ven esas raíces.
Otros, por ellas, padecen de pánico
porque una palabra los ahoga
y quedan atorados en la cama.

Quizás algunas pastillas los saquen un miércoles a pasear
por el pasillo hasta la cocina. Hay gente que se encierra.
Miran la vida en HD. Ibuprofeno para la espalda.
Dos cuadras de puestos que venden velas rojas y verdes los días 19.

Hay gente que alucina
una realidad apocalíptica y redentora.
El mercado de las religiones continúa creciendo
en esta época de falta de fe.
Un nene come de la basura la ensalada de otro
que no quiso por capricho.
Un  policía mata a un tipo que protesta
de un tiro en la cara.
Un hijo de puta paga para cogerse una nena.
Una llamada ocupada.
Un colectivo que sigue de largo.

También hay gente que no volvió de la luna.
Una madre que nunca amaneció.
Peces que fueron dragones.
También un padre que se ha ido
dejando una voz hermosa
que se hace más grande con su ausencia:

"¡murió Juan Gelman! un abrazo" 

Recibí un SMS y no supe qué hacer.
Pero es así la vida, no pide permiso.
Y en es momento, de no saber qué hacer,
la vida volvió a cambiar así como si nada...
Habían pasado unos minutos del mensaje de texto
y se acercó la araucaria (¿intuyendo mi dolor tal vez?
porque gracias a Juan pude encontrar un amor infinito
por la poesía) y me dice - por primera vez en nuestras vidas -
"¿me leés un poema tuyo?"

Hay gente que llama destino al sin sentido.
Hay gente que nunca leyó a Juan Gelman.
Hay gente que llama coincidencias a esas raíces.
Gente que recuerda más de lo que olvida, gente
que acuna el pensamiento un día como hoy
y se fue a navegar con el barquito del portugués
con sus 12.397 mujeres que cantaron revolución.

Así fue. Se fue con mis primeros poemas,
con mi primer lectura, con mi Araucaria
que oía y se sonreía apoyándome en silencio,
escuchándome, su mano en mi hombro
y su cabeza rubia en algún país que no conozco
pero que dicen, los que viven allá, que es tan hermoso
como los versos de Juan, como una mañana cualquiera,
como una sonrisa cualquiera, como un abrazo cualquiera.

-rcb-

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